Entrenamiento

Los Aguaceros de mi Infancia 

May 14, 2017

Esta es una entrada distinta, no es de nada relacionado con el running, la idea me despertó en la madrugada y no tuve otra opción sino entregarme a escribir…. 

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Decía Gabo que la vida es lo que uno recuerda para contarla. Hoy les voy a contar de mi infancia.

Crecí en Barranquilla, llegué cuando tenía 11 meses, así que no recuerdo la Bogotá que me vio nacer, ni su frío ni sus nubes. 

De los años que siguieron en Quilla lo recuerdo todo. Fue mi casa por 16 años. 

Recuerdo los domingos en el mar y las trasnochadas delirando en la cama mientras las olas me seguían revolcando el cuerpo y la memoria. Recuerdo las noches en los antejardines de las casas, hablando y jugando con los vecinos mientras volvía la luz del Racionamiento o nos adaptábamos a la Hora Gaviria, cuando el Fenómeno del Niño a penas empezaba a hacer estragos a principios de los 90. 

Recuerdo jugar con sapos; el plan era distinguirlos en la oscuridad, huirles y correr a cerrar la puerta de las casas para que no se entraran. 

Recuerdo muchos días de sol. Muchos dias de calor. Recuerdo el calor sofocante del medio dia y el fastidio enorme que me daban las telas del uniforme a cuadros del colegio. El polvorín de la cancha de fútbol que estaba frente a mi casa y el brillo encandilante del sol sobre esa arena amarillenta. 

Pero lo que más recuerdo son los aguaceros. 

Los aguaceros eran salvajes. Al caer las primeras gotas dejaban una mancha oscura del tamaño de una moneda de 10 pesos de las viejas. Más grandes que una de 25 centavos de dolar. O huías o te bañabas. 

En Barranquilla los aguaceros avisan. No se necesita afinar el olfato. El olor invade, se cuela por las ventanas y ése es sólo el principio. Al olor le sigue el sonido. Las ramas de los árboles se zarandean sin dirección clara y gritan de emoción como si tuvieran sed. 

En un par de segundos cae la primera gota. Luego cinco; veinte y ahí no hay otra opción que rendirse ante el aguacero. 

Cuando el aguacero se soltaba en la madrugada, el sonido en las tejas de zinc atemorizaba. En la calma y el silencio del sueño, cada gota retumbaba; el viento zumbaba bien cerquita. La tormenta era peor, como quien hace maldades cuando nadie le está mirando. 

En alguna mañana de domingo el barrio despertó atolondrado. Ramas de arboles bloqueaban las calles. La cancha de fútbol era un barrizal ocre q no reflejaba ni la esperanza de rayo de sol. El señor de la tienda no tenía panes y un murmullo se oía entre la gente. 

La noticia se regó por todas las casas y el parlante que en la noche anterior chirriaba con un vallenato, en la mañana reproducía muy claro las siguientes frases:  

“…qué triste se oye la lluviaaaa                              en las casas de cartón”. 

La casa de la esquina se había quedado sin techo esa madrugada. La mujer embarazada, los dos hijos dormían y el esposo por fuera trabajando. 

Algo debí comprender aquella mañana. Una realidad profunda y dolorosa de nuestra Latinoamerica. De ese trópico fértil que devora y que da vida. Pero hoy no vine a hablar de eso. Sólo vine a recordar. 

Los aguaceros de mi infancia no se me han borrado, ni el de ese día ni los otros que me dejaban atascada en el colegio hasta nueva orden. Mucho menos los recuerdos de carros flotando en los arroyos. 

El olor sigue aquí, los gritos del almendro siguen aquí, el temor de la tormenta sigue aquí, pero también sigue aquí en mi memoria ese instante en que el sol volvía a salir. El barro se secaba y los niños salíamos de nuevo a jugar. 

Los aguaceros de mi infancia son los mejores recuerdos que tengo. 

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Creo que por esos recuerdos estamos donde estamos y somos quienes somos. Gracias por leer y por fa, no se vayan sin dejarme en los comentarios cuál es ese gran recuerdo de su infancia. 

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Este post fue inspirado por el libro Misión Olvido de Maria Dueñas. 

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6 Comments

Reply Bibi Vélez May 14, 2017 at 4:45 am

Nati, definitivamente me gusta cómo escribes y me conecto con ese pedacito de tu alma que dejas al descubierto en cada entrada.

Tengo tantos recuerdos de mi infancia, que lo único que puedo decir es que le agradezco a mis papás por eso. Por darme una adultez colmada de recuerdos bonitos.

Reply Santiago López May 14, 2017 at 4:48 am

Hola Naty, hace 8 años que vivo en Barranquilla y conozco sus aguaceros. Son patrimonio de Curramba. Y siguen así, idénticos a como tú los recuerdas. La próxima vez que llueva vendrá a mi mente este post.

Abrazos!

Reply Sergio Preciado May 14, 2017 at 5:17 am

La nostalgia que me acaba de dar no tiene nombre!!!! En Cartagena no llueve tanto (digo yo) pero sin duda alguna, salir a jugar fútbol a mediodía bajo un aguacero de esos es de los recuerdos más bonitos.

Para mi el más lindo es el recuerdo del tintililillo, todos los pelaos levantados bien temprano, con olla y cuchara, levantando a todo el barrio pidiendo pal sancocho, luego la mae de alguno nos ayudaba, porque pa hacer bulla sí pero pa cocinar graves. Luego recuerdo a todos mis amigos jugando algún juego en el que niños y niñas pudieran participar por igual, divirtiendonos mientras que las horas pasaban.

Al iniciar la tarde era ya una fiesta del barrio, puesto que todos querían sanchocho, empezaban a sonar los equipos de sonido pues las fiestas de noviembre se asomaban, yo aun no sabía del Medallo, Puro Colombia o del Guaro, pero sí sabía del agua e panela y de la Kola Román con pan de 500. Sin duda alguna ese es mi mejor recuerdo.

Reply Yadid May 14, 2017 at 5:25 am

Uff de los aguaceros de mi infancia tengo recuerdos geniales! A mí me tocó la mama intrépida y aventurera, así que a voz de lluvia todos incluida ella salíamos a cazar chorritos de los techos de las casas para bañarnos. Si llovía y no podíamos salir entonces quedaba el patio! El Centro de entrenamiento de mi época, allí había arena suficiente para hacer postres y todo un Bufet de tortas de arena y la decoración de estos eran las flores que le robabamos a las matas de mi mamá! Jejeje.

Yo si tuve infancia! Corretie en la calle, me bañe en el aguacero, me metí en los arroyos para que la corriente se llevará los barquitos de papel (ojo no en los fuertes), me trepé en todos los árboles que pude, llegue envuelta en sudor de tanto jugar! Pero sin duda el mejor recuerdo de mi infancia es llegar a casa y tumbarme en el piso de la terraza y comer bolis de fruta mirando el cielo junto a mis hermanos, ese era el premio que nos daba mi mamá todos los viernes después de las clases! Wow que tiempos aquellos

Gracias por hacerme recordar mi Naty!

Reply Gisella May 14, 2017 at 12:50 pm

Thanks so much for an amazing history I love ❤️ so much you put back memories that I thought they were gone in my life lol I always remember as a little girl I just want to play with my friends so much but I have to only see them from my windows because my father was so hard on my brother and sister I hate him so bad my infant life was so cruel and sad I’m in tears now only to remember but as I told myself always I’m strong I survived now I’m leaving the life I always want thanks so much for remember who I’m now and who I want to be 👍🏼🤗👊🏼

Reply Indira May 15, 2017 at 7:39 pm

De mi infancia tengo mucho de la tuya!!! Un disfrute, un juego eterno…jamás olvidaré que en los aguaceros me alistaba con mis amigos para llenar mi mini piscina y hasta vestido de baño me ponia jajajaj nada nos daba verguenza, disfrutabamos de todos los chorros de agua existentes en la cuadra y jamás nos enfermamos por el “agua lluvia” ….que recuerdos eternos y bellos!! Gracias por esta etrada tan propia de tu vida y tan sentida del vivir Quillero.

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