Yo También Soy Feminista

En alguna ocasión, discutiendo con mi esposo le dije con una convicción más bien berrinchuda: “es que yo no soy ninguna feminista”.  Estoy segura que se burló y se sigue burlando en secreto, porque yo el feminismo lo llevo grabado en cada mitocondria de mis células.  No tiene nombre, no se llama feminismo ni mucho menos se apellida moderno, pero luego de analizarlo, mi comportamiento se fundamenta obviamente en esta ideología.

En su columna, Catalina Ruiz-Navarro (@catalinapordios) en El Espectador, decía que cuando una mujer le dice que no es feminista ella le pregunta “tres cosas: si usa o ha usado anticonceptivos, si tiene una cuenta de banco y si ha salido a votar. Todos esos privilegios que tomamos como obvios se los debemos al arduo y constante trabajo del movimiento feminista.”  Esto en comparación con hace 60 años.  Yo le agrego otros privilegios a la lista que tienen una connotación más actual.  ¿Sabe usted manejar carro? ¿Puede usted decidir cuándo y con quién quiere usted tener sexo sin ser tildada de puta?  ¿Puede usted decidir si quiere o no abortar un embarazo que no quiere o no está lista para tener?   Con esto les quiero decir que la inequidad de género a nivel social y políticos aún está presente y por eso el discurso de Emma Watson tiene tanta vigencia y tanto impacto a nivel cultural.

Si no lo han visto, denle click, si ya lo vieron, ignórenlo 🙂

Emma tiene razón, el feminismo también es un asunto de hombres.  A ver les cuento: mi feminismo, irónicamente, comenzó el día que mi madre se divorció de mi padre y me dejó al cuidado de un hombre relativamente inútil.

Mi padre, criado durante la violencia de los años 50s y 60s en Colombia, descubrió su feminismo luego de muchos años de vivir en un machismo cultural que atropella y devalúa a la mujer. Que convirtió a muchas generaciones de mujeres en amas de casa abnegadas, toleradoras de infidelidades y resignadas a una vida que gira en torno a la maternidad.  Él descubrió su feminismo el día que se dio cuenta que tenía que criar a una MUJER que era su HIJA.  Seguramente se dio cuenta de lo machista que había sido y, lleno de amor, se dedicó a resarcir su culpas en aras de un mejor futuro para mí.  Fue un hombre con muchos defectos, cometió muchos errores, pero a decir verdad, hizo el mejor de los trabajos el día que decidió meter sus manos en mi educación.

Mi madre, por su parte, es de la generación de los 60s y 70s, de The Beatles y el desencanto. Una feminista de la segunda ola que se devanaba a diario los sesos tratando de hacer valer sus derechos y de mostrarle a todos de lo que ella era capaz.  Salió demasiado feminista para el gusto de mi abuela quien, cuando mi madre terminó noveno grado de bachillerato, le dijo que hasta ahí le ayudaba con los estudios y a mi mamá le tocó comenzar a trabajar y a estudiar de noche para terminar el bachillerato, luego ir al SENA y posteriormente a la Universidad.  Pobre de mi madre, nunca estaba en la casa y mi abuela la regañaba todo el tiempo porque no ayudaba en los quehaceres del hogar.  La menospreciaba por ser como era hasta el punto de que cuando decidió ir a vivir con mi padre, le dijo a este: “se lleva la peor de mis hijas porque no sabe hacer nada” ¿Qué tal la carta de recomendación?  Mi padre no le prestó atención y por fortuna, mi abuela recibió con sabiduría el consejo de los años y se convirtió en la más progresista de las abuelas.

Pobre de mi abuela. Creo que su nieta terminó de revolverle las entrañas el día que le salí “peor” que mi madre.  Alguna vez las escuché discutir sobre mi comportamiento y mi abuela le decía “es que no sabe ni hacer arroz” y mi madre le contestaba “es que yo no la estoy criando para que busque marido”. (No les cuento más detalles para que las doñas no me manden a cerrar el Blog jajajaja)

Esto, por ejemplo, lo tuve yo claro desde el principio.

Esto, por ejemplo, lo tuve yo claro desde el principio.

Tan feminista era mi madre que cuando se dio cuenta de que mi padre estaba truncando su camino, también lo “mandó pa’l carajo” y se fue para comenzar su vida desde cero.  Me dejó en las manos de este hombre que realmente “no sabía hacer nada”, no ayudaba en la casa, no sabía cocinar y mucho menos tenía idea de lo que era criar una hija.  No obstante, esa fue la mejor decisión que mi madre pudo tomar y la admiro con todo mi ser.  Me dio una lección de vida: “nadie, pero nadie puede decirte qué hacer ni cómo hacerlo”.  Y mi padre, después de mucho sufrir, se puso realmente los pantalones y se hizo cargo de la casa y de mí.  Terminó de criarme como una mujer independiente, autónoma, segura de mi misma, libre y con la consigna de que todos somos iguales.

Ahora bien, a pesar de todo este feminismo con el que crecí, la palabra feminista nunca estuvo en mi vocabulario de uso diario y mucho menos fue un adjetivo que me calificara o con el que yo me identificara.   El feminismo era inherente al concepto de igualdad; a la certeza de que todos somos iguales, blancos o negros, pobres o ricos, hombres o mujeres.

El feminismo para mí no es si puedo votar, usar anticonceptivos, manejar un carro o abortar.  El feminismo es luchar por el derecho que tenemos como personas de hacer, sentir, pensar y decir lo que se nos dé la gana. Es la convicción de que los derechos inalienables del ser humano le corresponden por lógica básica también a la mujer, porque, al igual que el hombre, también es un ser humano.

Fisiológica, emocional e intelectualmente somos diferentes, sí, menos mal que nos gobiernan hormonas distintas, pero acá no vine a discutir este tipo de diferencias.  El caso es que esas diferencias no quieren decir que alguien puede decirme qué hacer, qué no hacer o cómo hacerlo o si puedo o no hacerlo, nadie puede vulnerar mi derecho a la libertad y a la igualdad.

Yo soy hija del feminismo; soy hija de una generación que luchó social, política y económicamente por la igualdad de derechos para las mujeres.  Soy de una generación para la cual la palabra feminismo no sólo es peyorativa, si no que fue anulada de nuestro vocabulario.  Sin embargo, al abrir bien los ojos, me doy cuenta de que vivo en una sociedad que aún nos exige a las mujeres adaptarnos a estándares de belleza; una sociedad que nos dice qué hacer con nuestro cuerpo a través de leyes y sentencias judiciales y que nos usa como objetos sexuales en las campañas de publicidad.

Por todo esto y en honor a las lágrimas que mi padre y mi madre derramaron en su esfuerzo por criarme, hoy me reivindico con la palabra e invito a todos ustedes, hombres y mujeres a hacerlo también, para así reclamar una sociedad más igualitaria en la que defendamos nuestra dignidad, autonomía, libertad e independencia. Hoy les digo: “yo también soy feminista”. 


 

Si llegaron hasta acá les dejo la última perla de no hace más de seis meses. – Me llega un video al Whatsapp de mi hermanito de 13 años aprendiendo a conducir.  ¡Espectacular!  Pero no tardé mucho en encender las alarmas con mi pregunta  “¿Por qué a él sí y a mi prima no si tiene 14 años?  Seguramente fue tan vergonzoso para ellos dejarlos en evidencia y tan obvia la posible respuesta que optaron por callar y es la hora en que no se ha vuelto a tocar el tema. –

Los invito a dejar sus comentarios, a contar sus experiencias y a enriquecer esta entrada con su diferentes puntos de vista.


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Y si quieren saber ¿QUIÉN ES NATI? denle click aquí 🙂

7 Comments

  1. Tu madre

    Qué buen tema! Me tocó las fibras de mis entrañas, snifff… Y sí es cierto “Yo he sido muy feminista, creo que desde que tengo uso de razón, conciente o inconcientemente y me siento orgullosa, porque he contribuido mi vida entera a respetar tus decisiones y sabes que? las he aceptado y te he apoyado, y no en contra de mi voluntad, al contrario, creyendo siempre en ti.
    Nunca me perdoné ni me he perdonado el haberte dejado con tu padre, pero yo sabía que por el gran amor que el sentía por ti haría una gran labor, Y SI QUE LA HIZO! TE ADORO! y adelante porque con la constancia que has tenido estas llegando a la dicha! 😉

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  2. Diana

    Hace unos dias discutía con mi novio Qué decia en su discurso de politólogo como era de importante el valorar a la mujer y sus derechos y de el porque apoyar consignas encontra de la violencia hacia la mujer, cosa en lo que lo apoyo y después de oirlo ppr media hora ( x aquello de lo politólogo) termine diciendole “Manu tu eres más feminista que yo” Ahora que te leo creó que yo tenia una idea errónea del feminismo que se aclara, ahora entiendo porque siempre discutí con mi mamá el porqué yo debia tender las camas de mis hermanos y no lo hacian ellos y creo que su teoría era equilibrada yo debía tender dos camas pero jamas se me exigio hacer mas porque mi deber era estudiar. Entonces para no dar tanta vuelta mi mamá como la tuya no me criaba para buscar marido pero se encargo de que supiera lo básico ( claro lo muy básico x que aun soy desordenada) conclusión yo también soy feminista porque lucho y vivo en la equidad de mia derechos y los de los demás y creo al igual que tu que el feminismo no es un término que se proclame por delante como al lado del nombre ” soy Diana Vera feminista” se lleva en la forma de vida que creamos para cada una de nosotras.

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  4. annabella

    Me encanto con esa lectura. Mi generacion ha tenido el coraje de decidir que estudiar,yo soy un producto,mi padre me dijo no te pago la carrera de Economia…esa no es carrera de mujeres…no importa ;-)soy economista,doy gracias al credito educativo…

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  7. Fernando

    Hola, amigas. He novelado el caso criminal más famoso de Suecia, de tintes sexistas y religiosos, una clara muestra de hasta qué punto está implantada la violencia machista, que afecta incluso a sociedades avanzadas como la sueca, donde muere una mujer a manos de su pareja cada tres semanas. Además uno de los personajes, Selma, se inspira en una escritora feminista asesinada por su marido. Como es un libro políticamente incorrecto, una bomba de relojería contra el patriarcado, las editoriales donde suelo publicar me han dado con la puerta en las narices y lo he tenido que autopublicar en Amazon. Puse el precio más bajo que me permitían, y se puede descargar gratis con Kindle Unlimited. Espero que os guste. ¡Apoyadme, por favor! Me siento un llanero solitario en esta causa…

    Saludos,

    Fernando Claudín

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